| Ni alcohol, ni drogas. Tal vez, sólo los golpes |
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| Escrito por Gonzalo Bonadeo - http://gonzalobonadeo.blog.arnet.com.ar/ | |||||||
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Rodrigo Barrios está lejos de ser uno de mis deportistas favoritos. Es más, confieso que, casi como una deformación profesional, dificilmente me detendría a ver alguna de sus peleas como alguna vez lo hice con colegas suyos de la magnitud de Locche, Monzón, Galíndez, Martillo Roldán, Laciar, Ballas, Palma o el Zurdo Vásquez. Reconozco en el mismo Narváez infinitas cualidades deportivas y humanas mucho mas valiosas que las de Barrios. De cualquier modo, hasta el desgraciado episodio de Mar del Plata -lo puso en los medios como él, pese a su eterna y empecinada búsqueda de lo mediático, jamás hubiera querido- no podía decir de él que me parecía mucho mas que un bizarro personaje a mitad de camino entre el deporte y un reality de famosos de medio pelo. Tampoco hubiera apostado a que esto que le sucedió y que lo convierte en imputado por una muerte, no le iba a pasar.Las ultimas noticias giran alrededor de un par de puntos fuertes: los resultados negativos de alcohol y drogas en el organismo de Barrios -habrá que ver, con el tiempo, si las horas que pasaron hasta que se realizaron los estudios ayudaron a que eliminara alguna sustancia- y, fundamentalmente, la indignación de los familiares de la víctima por la excarcelación del boxeador. Nadie discute el derecho del juez de liberar bajo caución al implicado: así lo permite eventualmente el proceso en curso. Tampoco hubiera sido un escándalo que hubieran rechazado el pedido de excarcelación. Ante cualquier delito la excracelación es un recurso a mano, lo que no quiere decir que un magistrado esté obligado a concederla. Entiendo la ira de los familiares de la chica muerta. Pero nadie está diciendo que Barrios haya sido liberado de sus cargos. Al margen de todo esto, se me ocurre que hay algunos factores que la justicia no está acostumbrada a tener en cuenta para un accidente de tránsito de estas características. Se busca por el lado de los antecedentes, por el del alcohol, por el de la droga y hasta por el del perfil sicológico. ¿Se le ocurrirá a alguien avanzar sobre el efecto que el sólo ejercicio de su oficio ha causado en la cabeza de Barrios? ¿Se animarán a preguntarse si, en realidad, alguien que recibió tantos golpes en su vida como Barrios tiene motivos suficientes como para vivir en un estado alterado? Ciertos aspectos de su vida pública me permiten sospechar que, para tener una conducta anormal y peligrosa, Barrios no necesita ni alcohol, ni drogas. Hace muchos años que existe en algunos video clubes de colección una película argentina llamada Nosotros Los Monos. Habla de la vida -y de la muerte- de un boxeador argentino de apellido Paladino. Fue una de las tantas víctimas que se cobró el boxeo. Entre otras cosas, hacen una elocuente y dramática muestra gráfica de cómo repercuten en el cerebro cualquiera de los golpes a la cabeza que se dan durante una pelea.
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