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“Cuantas más televisoras haya, cuanto más periodismo, cuanto más programación cultural, cuanto más debate político haya, más democracia y menos monopolio habrá”. ¿Acaso un argumento conocido? Lo esgrimió el fin de semana pasado el presidente brasileño, Lula Da Silva, al inaugurar estudios del canal Red TV, en San Pablo. En esa ocasión, el mandatario acusó también a “algunos formadores de opinión” de querer conformar un “pensamiento único”. Sólo faltaba ponerle nombre y apellido al señalamiento contra la cadena O Globo.
Dos días más tarde, el diario Folha de Sao Paulo consignó que el oficialista Partido de los Trabajadores cuenta con una propuesta para modificar la legislación que regula las licencias de televisión. La posición será llevada a la próxima Conferencia Nacional de Comunicación, a realizarse el mes próximo en Brasilia. Según puede leerse en una cartilla del PT dirigida a sus militantes, la normativa actual para el sector es evaluada como “anacrónica, autoritaria, fragmentada” ya que “privilegia a los grupos comerciales, en detrimento de los intereses de la población”. El PT sostiene que ese tipo de regulación “permite a unos pocos grupos empresarios -muchas veces asociados a fuertes conglomerados extranjeros- ejercer un control casi absoluto” sobre los medios. Ante esa situación, propone, entre otras acciones imponer “atribuciones y límites para cada eslabón de la industria de la comunicación (creación, producción, procesamiento, realización, montaje, distribución y entrega), impidiendo que una misma empresa pueda actuar en los mercados de contenido e infraestructura”. CONTINÚA EN EL POST ORIGINAL
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