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Escrito por Yoani Sánchez - http://www.desdecuba.com/generaciony
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Vienen tiempos difíciles. Soy optimista a largo plazo, pero la desazón me embarga ante los años que se avecinan. Hay demasiada crispación acumulada. Han sembrado sistemáticamente entre nosotros el rechazo a la opinión diferente y eso no se borra en poco tiempo.
Ayer cuando vi a un ama de casa que en tono vulgar gritaba “la gusanera está revuelta” –refiriéndose a la peregrinación de las Damas de Blanco– constaté cuan largo es el camino de la tolerancia que nos queda por delante. Aprender a debatir sin ofender, a convivir con la pluralidad y a respetar las diferencias, tendrá que constituirse en asignatura obligatoria en nuestras escuelas. Será un proceso largo el hacer entender a todos que la diversidad no es una enfermedad sino un alivio. Temo que el grito se nos haga crónico y que la bofetada siga siendo la vía más rápida para acallar al otro. Me estremece presagiar una Cuba donde se continúa atacando física y legalmente a alguien por su filiación política o su tendencia ideológica. Qué triste país el que tendremos si a las autoridades les sigue pareciendo natural un escarmiento a quienes contradicen la opinión oficial. Ya me resulta bastante enferma una sociedad que asiste pasiva al acoso que sufrieron ayer unas pacíficas mujeres con gladiolos en sus manos. Pero el sectarismo no quedo allí, sino que intentaron justificarlo y por ello prepararon a la carrera un guión para el programa más tedioso de la televisión cubana: la Mesa Redonda. Sin embargo, los televidentes –después de dos horas de estoica escucha– confirmaron que la ausencia de argumentos les ha dejado sólo el insulto, la difamación y las maromas verbales. CONTINÚA EN EL POST ORIGINAL
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