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Escrito por Omar Bello - http://blogs.perfil.com/bello
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Es probable que buena parte de la multitud que visita la patética kermesse que se montó sobre la Avenida Nueve de Julio, desconozca que hasta el jabón que usa para limpiar sus calzones está fabricado por manos extranjeras, y que ese simple dato los enfrenta a una terrible realidad: no sólo estamos, como es público y notorio, peor que en el primer centenario de la patria, también retrocedimos en comparación a los tiempos de nuestro nacimiento.
Temporalmente, la crisis europea puede hacernos sentir que estamos en el camino correcto. Sin embargo, convendría recordar algo: la paz mundial está ligada al bienestar económico. Dios nos libre de que el euro se desbarranque o Estados Unidos vea peligrar sus hegemonía. Nuestras naciones, saturadas de recursos y habitadas por un puñado de seres humanos que no son capaces de producir el papel higiénico con que limpian sus traseros, se convertirían en un “Bocato di Cardinale” para países agobiados que, aunque la jueguen de civilizados en los organismos internacionales que ellos mismos crearon, no dudarían un minuto en arrasarnos con cualquier excusa. Porque en términos concretos, el cuento del desarme significa poseer diez mil bombas nucleares en lugar de once mil. ¿Con qué los vamos a combatir? El colorido ejército que desfila en nuestro promocionado corso bicentenario, desarmado y humillado, no puede ganarle ni un picadito a los bomberos de Sarandí. Se ponen de acuerdo un par de naciones y terminamos igual que los sobrevivientes de la tragedia de los Andes; comiéndonos los unos a los otros. Para colmo, a diferencia de Brasil, somos un mercado tan chico que casi todas las empresas foráneas que constituyen nuestra economía podrían retirarse sin que sus centrales sufran el menor daño. CONTINÚA EN EL POST ORIGINAL
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